sábado, 29 de mayo de 2010

EL TEATRO DE LA DEMOCRACIA


Hace poco leí una invitación por facebook a no votar, porque las elecciones son el teatro de la democracia. Creo que estoy de acuerdo , la democracia tiene mucho de teatralidad y mucho de representación .
"Año con año, desde mucho antes de 1810, en estas tierras feraces y feroces se nos vive engañando con un circo llamado “Democracia” cuyo máximo evento, lleno de payasos y payasas, es el domingo en el cual mansamente va la población a depositar pedacitos de papel con las fotos de estos payasos y payasas en la creencia que las promesas de estos personajes se cumplirán y mágicamente, los problemas de la gente se cancelaran y viviremos felices y content@s[...] Por eso invitamos a la fiesta de la Abstención Activa..."
Al parecer los promotores de esta iniciativa desconocen las ventajas de la democracia, pero reconocen todas las desventajas, lo cual es desde el principio un error de método. Sin duda tienen razón cuando nos recuerdan que la historia de este país no ha dado muestras de reformas importantes provenientes de los dirigentes elegidos democráticamente, si cabe el uso de la expresión, y sí ha dado muestras de permitir muchas injusticias. Pero el tema que me convoca a escribir es la teatralidad de las elecciones. Las elecciones no son toda la democracia, de hecho en teoría es apenas la mitad de la historia, pero en Colombia es toda o casi toda. La mayoría de electores (y contribuyentes), se olvidan de sus derechos, sus garantías y sus oportunidades después de "participar" en el teatro de cada cuatro años. En términos teatrales es como si vieran el primer acto de la obra y se perdieran del resto.
Pero la teatralidad de la democracia va mucho más allá. Tiene diferentes actores, tiene diferentes escenarios, escenógrafos, y críticos, y es probable que tenga público. Me resulta problemático el que tenga un único guión y un único director. Pero no me resulta falso. Me resulta errónea la asociación entre el arte dramático y la falsedad. De hecho usualmente utilizamos la misma palabra para nombrar el ejercicio de la política y del drama: representar. Si alguien nos representa, con todos los problemas que eso trae y que han sido considerados desde diversos ángulos por reconocidos pensadores, de todas maneras nos dice algo de lo que somos, ya sea en el teatro o ya sea en la vida política.
Frecuentemente se culpa a las maquinarias de falsear el proceso democrático de las elecciones, sobre todo los que defienden el voto de opinión, pero más porque han sido construidas con dineros ilícitos (o tomados del erario público) que porque no apoyen la importante tarea de construcción de partido. La construcción de partido, salvo por  los partidos de izquierda, no es una tarea que asuma la derecha, y es por eso que es tan dolorosa la maquinaria, que es una construcción de partido, a última hora con dinero y no con ideas, de tal manera que no haya ningún tipo de cohesión ideológica sino mera opinión. Si no hay cohesión de partido como se espera que haya otro tipos de cohesión, o que haya algún tipo de control político. Este es el problema con la teatralidad sin crítica, sin criterio, sin premiar o castigar a quienes representan bien o lo hacen mal, pues ni lograrán saber qué han hecho bien o qué han hecho mal. 
La profesionalización de la política ha separado a los electores de los elegibles, ha creado todo un abismo entre los escenarios y el público y además ha creado un velo infranqueable, que muchas veces se presta para que el guión sea del gusto de los actores y no del gusto del público. Pero la invitación a la abstención no es nada nuevo, de hecho es lo que siempre ha existido. Basta con revisar el histórico de participación en Colombia. Las razones por las cuales mucha gente no vota son bien conocidas. De manera que lo realmente novedoso o revolucionario sería una gran participación y no una gran abstención como ya ha existido desde mucho antes; y es por esto que los actores hacen lo que quieren porque tienen su propio público, y a muchos ni les interesa ese circo aunque lo financien.  Prefiero votar a no votar. Aunque mis candidatos no participen de la obra. Como diría algún otro blogger, la política a veces es muy aburrida. Para mí el problema en Colombia no es tanto que haya maquinarias, sino que participen muy pocos del primer acto, y muchos menos a la hora de los demás actos.

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